EL PAMPA ROSENDO
Víctor A. Giménez
Relato por milonga
El Pampa Rosendo Luna había nacido pueblero. Se crió en el rancherío, cerquita del matadero, sin conocer ni alpargatas, con las ropas que le dieron, y pa' desgracia mayor, sin darse gusto de juegos, y ni siquiera poder dir, como otros, pa'l colegio, porque entre mañana y tarde no le quedaba más tiempo que trabajar dende chico en lo que le iba saliendo: hacer mandaos para todos, juntar leña pa'l fuego, dir a pedir las achuras, cuidar de un abuelo viejo, porque ni padre tenía, y su mama iba pa'l pueblo de casa en casa a lavar, pa' ganarse algunos pesos.
Y así se fue haciendo hombre, sin darse cuenta…Yo pienso que atrás iba dejando los años mezclaos con padecimientos…De muchachito, temprano, vendiendo diarios lo vieron. Después, siguiendo a unas chatas, supo salir de boyero. Y, ya hombre, las estibas del galpón de un cerialero le hizo chorrear los sudores en largos días de Enero. El campo lo vio en juntadas, alambrando algún potrero, o en los días de remate apartando en los loteos, o, prendido en una tropa, salía de peón resero.
Y, aunque pudo ser de todos el pior, no le dio por eso, y nunca anduvo metido en pendencias, tampoco en copas ni en juegos, y no se dio ni un milico el gusto de llevarlo preso. Y, ansí, sin ser nadie, nomás que el pobre Pampa Rosendo, un dio enterró a la madre, cuando se le fue pa'l cielo, cansada de trabajar y aguantar padecimientos, quedando solo en el mundo en aquel ranchito viejo que hacía cruz con la esquina de enfrente del matadero.
Y ahí…y ahí podría pensarse que aquí termina el cuento, pero ocurre que la historia se alargó…pa' no creerlo. Porque hace un poco nomás un comentario jué el pueblo: El juez de paz recibía lo que llaman "documento": que el señor Rosendo Luna, antes del Pampa Rosendo, era el único en el pago dueño de un gran testamento: una estancia con hacienda, en el banco muchos pesos, que al morirse, le dejara un conocido estanciero, que se declaraba el padre de ese único heredero. Yal llamao llegó Rosendo sin que se le mueva un pelo. Le dijo al juez:-"Vea, señor, no sirve estancia, ni pesos, si las que pasó mi madre no alcanza con ese precio; yo no me ensucio las manos con bienes de ese estanciero, que quiso comprar vergüenza tan luego después de muerto. Dele destino a las vacas, también al campo y los pesos. Que vayan pal pobrerío de hospitales y colegios. Que hoy, más que nunca, quiero saber que seguiré siendo el hijo de aquella gaucha que está, seguro, en el cielo, y que me dio esta fortuna, que vale más que el dinero: la honradez de ser muy hombre, porque seguí su consejo. No se hable más del asunto, y que termine todo esto. No quiero ser señor Luna…Yo soy el Pampa Rosendo.